13. El ejército aliado luso-británico

En este apartado se incluye al ejército portugués, ya que las tropas de esa nacionalidad estaban comandadas en su inmensa mayoría por oficialidad británica, incluyendo sus estados mayores,[1] por lo que la cartografía utilizada por dicho ejército fue casi en su totalidad de origen británico.

Al igual que en el caso francés, tampoco el ejército británico, pese a su condición de aliado de los españoles, disponía de buena cartografía del territorio peninsular. En numerosas ocasiones fue necesario utilizar la antigua cartografía de gabinete, a pesar de que era conocida la abundancia de errores que contenían estos mapas.

Así, entre los fondos cartográficos de la Biblioteca Nacional de España se conserva un atlas,[2] en dos volúmenes y sin portada, que perteneció al comandante supremo de los ejércitos británicos, Sir Arthur Wellesley, más conocido como Lord Wellington. Aún conserva su firma en las guardas de los dos volúmenes de esta colección facticia con sesenta y cinco mapas de todo el territorio de la Península, seleccionados de entre la producción de Tomás López.[3] Con este material cartográfico plagado de errores –mínimos para el geógrafo y el gran público, para quienes un error de diez kilómetros en la localización exacta de una población no tenía consecuencias graves, pero gigantescos a la hora de planificar el movimiento de grandes masas de tropas­–, tuvo que trabajar el estado mayor de Wellington a falta de otros mapas mejores y más fidedignos.

Detalle de la firma de Wellington en la guarda del segundo volumen de la Colección facticia recopilada por Wellington de mapas de España sus Provincias Islas y posesiones españolas en América (Fuente: Biblioteca Nacional de España, GMG/858 y GMG/859).

Detalle de la firma de Wellington en la guarda del segundo volumen de la Colección facticia recopilada por Wellington de mapas de España sus Provincias Islas y posesiones españolas en América (Fuente: Biblioteca Nacional de España, GMG/858 y GMG/859).

Al ser conscientes de esta situación, el ejército británico comenzó a formar planos actualizados para su utilización militar durante la Peninsular War, como es conocido este conflicto en la historiografía británica. Por ello, tan pronto como en 1808 llegó a la península el coronel George Murray con el cargo de Quartermaster general –oficial mayor al cargo de los suministros de un ejército–, y en este escenario permanecerá hasta el final de la guerra en 1814. Ante la evidente falta de documentos cartográficos actualizados ordenó a sus oficiales “to start compiling appropriate topographical information, from which a skeleton map of the Alentejo and Extremadura might be prepared.”[4]

Sin embargo, no sería hasta dos años después, en 1810, cuando se proporcionaron instrucciones precisas acerca de la forma de confeccionar estos planos o croquis:

all members of Murray’s staff were issued with a concise manual entitled Instructions for the officers in the Department of the Quartermaster General, to which was annexed a model report of the road from Trujillo to Mérida, which did much to ensure some uniformity in the supply of information and mapping (or ‘sketching’, as this simple form of cartography was often called).[5]

Es decir, se reglamentó la forma en que debían recogerse y presentarse los datos con vistas a la elaboración fiable de cartografía para el movimiento de tropas por el territorio. Se muestra ahora el plano de la zona de la Sierra de Gata, al norte de Extremadura, conservado en los Archivos Nacionales del Reino Unido en Kew, para la utilización de los oficiales de estado mayor británico.

Sketch of the Sierra de Gata, por James Erskine Bell, ca. 1811 (Fuente: Archivos Nacionales del Reino Unido, MR 1/167/1).

Al igual que el ejército francés, también los británicos complementan los planos levantados por sus oficiales con planos españoles y portugueses contemporáneos, que copian para su utilización. Pero además explotan una tercera vía, en ocasiones mucho más productiva, eficiente y barata: tratarán de hacerse, ya sea mediante el robo o el espionaje, con los planos de la península realizados por los franceses, que tenían una clara ventaja en su elaboración.

En la actualidad, la mayor parte de la numerosa documentación cartográfica generada por el ejército británico durante esta contienda se conserva en los Archivos Nacionales del Reino Unido en la localidad de Kew, próxima a Londres. Respecto al territorio extremeño, sobresale la amplia representación del victorioso asedio puesto por las tropas de Wellington a Badajoz en abril de 1812, que se saldó con la toma de la ciudad y su posterior saqueo.[6] A continuación, el plano realizado por Leinster y Boyd de dicho asedio, donde pueden observarse tanto las defensas de la ciudad, en aquel momento en manos francesas, como las obras de ataque británicas.

Plan of Badajoz and Environs 1812, de Leinster y Boyd, 1812 (Fuente: Archivos Nacionales del Reino Unido, WO 78/1017/7/16).


  1. Ian ROBERTSON: An Atlas of the Peninsular War. Londres: Yale University Press, 2010, p. 6.
  2. Biblioteca Nacional de España. GMG/858 y GMG/859. Ambos volúmenes pueden consultarse a través de la Biblioteca Digital Hispánica en la URL: http://bdh-rd.bne.es/viewer.vm?id=0000000532&page=1
  3. Carmen LÍTER MAYAYO: La obra de Tomás López…, p. 18.
  4. Ian ROBERTSON: An Atlas…, p. 3.
  5. Íbidem, p. 5.
  6. Carlos SÁNCHEZ RUBIO: Badajoz, 1811-1812..., pp. 103-140.