5. Información y propaganda

Cualquier conflicto bélico demanda un elevado volumen de información para la toma de decisiones. Y la cartografía es uno de los elementos más decisivos para proporcionar esa información que se necesita para la planificación estratégica y la ejecución táctica. La información ofrecida por la cartografía facilita el conocimiento y el conocimiento se trasforma de manera automática en poder. Por ello, la cartografía ha sido uno de los mecanismos utilizados por los gobernantes para llevar a cabo sus fines, en este caso militares. Como tal mecanismo de conocimiento y poder, y eficaz fuente de información, la cartografía y su difusión han sido controladas cuidadosamente desde todos los estamentos que la han empleado.

La libre difusión de la cartografía ha sido en otros tiempos dificultada por las condiciones técnicas, pero en la actualidad es un indicador altamente significativo del grado de libertad interna de cada país. Todos los regímenes totalitarios o en algún modo dictatoriales, tienen algo que ocultar y empiezan por controlar o prohibir la difusión cartográfica, o por someterla a un sistema de censura en su contenido, que llega a desfigurar por completo la información.[1]

Sin embargo, en numerosas ocasiones, es el propio poder el que difunde y publicita concienzudamente la cartografía y la información que contiene. Puesto que la cartografía no es nunca un conocimiento puramente científico y desinteresado,[2] sino que está orientada a proporcionar información, siempre se expone a una utilización propagandística por parte del poder político y militar. Este doble aspecto de los documentos cartográficos, información y propaganda, están íntimamente ligados y son indisolubles.

En la mayoría de los casos, la cartografía militar no se realiza con fines propagandísticos, sino para facilitar, como se ha expuesto, la información necesaria a los distintos estamentos militares implicados en la planificación y toma de decisiones. Las defensas de una ciudad propia o enemiga, el desarrollo de una batalla victoriosa o la topografía de un territorio se representan para conocerlos y ofrecer elementos de juicio objetivo en la toma de decisiones; pero una vez cumplida esa misión primordial, nada impide al poder político y militar su utilización propagandística.

Los Reales Alcázares de Sevilla

Publicitar las defensas de una ciudad conquistada o mostrar la inexpugnabilidad de las propias puede tener un efecto propagandístico devastador; mostrar el desarrollo de una batalla victoriosa facilita la creación de estados de opinión favorables; difundir el territorio conquistado al enemigo tras una expedición exitosa transmite una idea cierta del poderío de un ejército. Todos ellos son ejemplos de utilización propagandística del documento cartográfico militar. Pese a no ser un ámbito relacionado de forma directa con el proceso de elaboración de la cartografía, es el poder militar, en sus distintos niveles, quien debe en último término decidir qué documentos se terminarán imprimiendo.

La cartografía ofrece además una información mucho más accesible para capas más amplias de la población, pues no se dirige, como los libros, sólo a un público lector y más culto. Por esa razón, para poder hacer llegar a todos los niveles de la población las victorias militares, la fortaleza de las plazas que defienden la nación o el territorio conquistado al enemigo, el poder político se mostró muy interesado en publicar mapas y planos que informaran convenientemente del desarrollo de las operaciones militares. Para ello apoyó a editores independientes, aunque en ocasiones es el propio poder político quien edita y publica los documentos cartográficos que juzga relevantes y adecuados a sus fines. Eso implica en primer lugar la elección de los documentos que se publicarán y difundirán entre la población, que siempre serán aquellos favorables a los objetivos del poder. Por ello se imprimen exclusivamente los acontecimientos propicios, las victorias en el campo de batalla sobre el enemigo, las conquistas de nuevos territorios, las plazas fuertes asaltadas y tomadas. Por contra, las derrotas, los asedios fallidos o las plazas fuertes perdidas se silencian. La propaganda se impone a la información, hasta el caso extremo de que un hecho bélico, cualquiera que sea su naturaleza, llega a silenciarse por ser demasiado adverso, con independencia de su importancia intrínseca. O, en último caso, se imprime para su estudio en círculos muy restringidos.[3]

Sala delle Carte Geografiche en el Palazzo Vecchio de Florencia (Italia)

De esta manera, hasta la invención de la fotografía, pocas décadas después de las guerras napoleónicas, el documento cartográfico ha ayudado de una forma mucho más eficaz que cualquier otro medio de comunicación a difundir las ideas políticas imperantes y a crear los necesarios estados de opinión favorables en la población, pese al sacrificio de recursos económicos y vidas humanas que cualquier batalla, asedio o campaña bélica conlleva. Fue precisamente la llegada de la fotografía, al mostrar de una forma real y descarnada las calamidades de la guerra, lo que terminó con la visión idealizada y aséptica de los conflictos bélicos, imperante hasta entonces.

Debe hacerse constar, además, que no es solamente la información contenida en un plano lo que confiere conocimiento y poder a su propietario; la propia imagen cartográfica, el mapa en sí, con independencia de su contenido, ya se configura como un símbolo de poder, tal como indica CAPDEVILLA SUBIRANA:

capítulo aparte merece la consideración del uso de la cartografía como símbolo de poder. En la pintura, los globos terrestres se consideran símbolo de soberanía sobre el mundo, asociados muchas veces al derecho divino del control político. Los mapas han funcionado como símbolos territoriales en retratos de monarcas y emperadores y en la actualidad los líderes continúan con la tendencia de aparecer en los medios de comunicación con la presencia de cartografía de una u otra forma.[4]

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A. Mapas públicos o Arcana Imperii

Por todas las razones anteriormente expuestas, al mapa se le ha temido. O, más exactamente, a su difusión. La información que un documento cartográfico puede transmitir se convierte en conocimiento no solo para quien lo ha encargado o realizado, sino para cualquiera que tenga acceso a él, incluido el enemigo. Por ello, en numerosas ocasiones se han adoptado fuertes medidas de protección y salvaguarda de la producción cartográfica, incluida la militar, llegando a ser considerada en ciertos momentos y escenarios como secreto de estado, “el equivalente del siglo XVII al Arcana Imperii de la Antigua Roma.[5]

Sin embargo, al menos en el caso español, esa noción de arcana imperii, debe ser matizada, cuando no directamente rechazada. Ese concepto imperante hasta hace pocos años de los planos como secretos de estado cuya circulación y difusión estaba seriamente restringida por el poder político, ha tenido su origen más en la escasez de documentos cartográficos localizados en los archivos que en una verdadera política de estado. Los recientes descubrimientos de al menos tres atlas manuscritos españoles del siglo XVII[6], así como la localización del archivo personal casi completo de un ingeniero militar de esa misma época[7] han servido para constatar que los planos y mapas manuscritos militares circularon en mayor grado de lo creído hasta ahora entre los propios profesionales.

Sin embargo, en otros países sí existió una tradición comercial de pasar a la imprenta los planos militares, pese al peligro obvio que para un ejército supone la difusión de sus estructuras básicas de defensa. Pero el beneficio propagandístico compensaba con creces ese riesgo cierto. En territorios como Flandes, Holanda o Francia será muy común esta derivada comercial de la cartografía militar. A modo de ejemplo, en la Francia de Luis XIV, Sébastien de Puntault, más conocido como Sieur de Beaulieu obtuvo el permiso y privilegio real para publicar y vender representaciones de las campañas militares francesas victoriosas en el Rosellón y Cataluña de las décadas de 1640 y 1650.[8] En la siguiente imagen se presenta un detalle del plano de Flix, en la actual provincia de Tarragona, editado por Beaulieu en 1659 con la representación del asedio victorioso que las tropas francesas bajo el Duque de Schomberg pusieron a esa localidad.

Detalle de Flix, por Sieur Beaulieu, 1659 (Fuente: Biblioteca Nacional de Francia, GE FF-849 (84)).

Este tipo de publicaciones tuvieron un gran éxito comercial, por lo que fueron reimpresas en múltiples ocasiones, confiriendo poco a poco a la posesión de estos mapas un valor suntuario, de prestigio. Este valor se potencia, además, por la vistosidad que muchos de estos mapas, aunque de origen militar y por tanto muy austeros en cuanto a decoración, van mostrando en su ornamentación, para precisamente colmar las necesidades de una sociedad en la que la burguesía y la nobleza amplían considerablemente sus horizontes y su imagen del mundo.[9] La cartografía se transformó en esos territorios en lo que hoy se denominaría una industria cultural.


  1. José MARTÍN LÓPEZ: Historia de la Cartografía…, p. 15.
  2. Antonio BONET CORREA: Cartografía militar de plazas fuertes…, p. 41.
  3. Carlos SÁNCHEZ RUBIO: Badajoz, 1811-1812..., p. 17.
  4. Véase la recensión de Joan CAPDEVILLA SUBIRANA a la obra de J.B. HARLEY: The new nature of maps: essays in the history of cartography, En: Biblio 3W, Revista Bibliográfica de Geografía y Ciencias Sociales. Barcelona: Universidad de Barcelona, 2002, vol. VII, nº 404.
  5. Isabel TESTÓN NÚÑEZ, Rocío SÁNCHEZ RUBIO y Carlos SÁNCHEZ RUBIO: La Memoria Ausente…, p. 6.
  6. A este respecto, véanse: Fernando MARÍAS y Felipe PEREDA: El Atlas del Rey Planeta. La «Descripción de España y de las costas y puertos de sus reinos» de Pedro Texeira (1634). Madrid: Nerea, 2002; Rocío SÁNCHEZ RUBIO, Isabel TESTÓN NÚÑEZ y Carlos SÁNCHEZ RUBIO: Imágenes de un Imperio Perdido. El Atlas del Marqués de Heliche. Mérida: Junta de Extremadura, 2003; y Carlos SÁNCHEZ RUBIO, Rocío SÁNCHEZ RUBIO e Isabel TESTÓN NÚÑEZ: El Atlas Médici de Lorenzo Possi…
  7. En el Instituto Iberoamericano (IAI) de Berlín se conserva parte del archivo personal del ingeniero militar toscano Lorenzo Possi. Carlos SÁNCHEZ RUBIO, Rocío SÁNCHEZ RUBIO e Isabel TESTÓN NÚÑEZ: El Atlas Médici de Lorenzo Possi…, p. 23.
  8. Joan CAPDEVILLA SUBIRANA: “Del arte a la geometría…”, p. 458.
  9. Carlos SÁNCHEZ RUBIO: Badajoz, 1811-1812..., p. 18.