14. El ejército español

A pesar de que era un conflicto que podía anticiparse desde unos años antes, el inicio de la Guerra de la Independencia sorprendió al ejército español con la inexistencia de adecuados mapas generales de la Península Ibérica; disponía casi exclusivamente de los mapas realizados la centuria anterior por geógrafos como Tomás López, muy bellos estéticamente, pero con errores de bulto en la localización exacta de poblaciones y accidentes geográficos. Esta situación acarreó al propio ejército graves consecuencias:

La necesidad de una cartografía militar, exacta y fiable fue una experiencia sufrida de forma amarga por nuestros Mandos militares […]. Los mapas existentes en el momento, provinciales, civiles, y de gran belleza estética, se descubrieron erróneos y carentes de exactitud, lo que llevó a cálculos equivocados en los planeamientos de las acciones militares y a fatales consecuencias en el campo de batalla.[1]

Seguidamente se muestra uno de los mapas que tuvo que ser empleado por el mando militar en los primeros compases de la Guerra, realizado por Tomás López en 1766, representando la región extremeña.

Mapa de la Provincia de Estremadura, de Tomás López, 1766 (Fuente: Centro de Información Cartográfica y Territorial de Extremadura (CICTEX), CH034).

Ante esta situación, una vez ya desencadenada la guerra en toda la Península, y ante la necesidad perentoria de disponer de herramientas cartográficas de calidad para el alto mando, se creó en 1810 el Cuerpo de Estado Mayor, para dar soporte informativo y logístico al proceso de toma de decisiones. Su creación fue una iniciativa del general Joaquín Blake, que tomó como referencia y modelo el sistema francés napoleónico –el enemigo, no hay que olvidarlo–, ya comentado anteriormente. Blake, quien “como ningún otro general de su tiempo había comprendido los fundamentos geográficos de la política militar”,[2] estableció la normativa por la que se debía regir este nuevo cuerpo, cuya creación incidió de forma efectiva en el desarrollo de la planificación militar de las campañas, con el consiguiente desarrollo de la producción cartográfica para ofrecer herramientas adecuadas a ese proceso de planificación y toma de decisiones.

La Real Orden del 9 de julio de 1810, aprobada por las Cortes de Cádiz, que reguló la creación de este Cuerpo de Estado Mayor, incluyó en su articulado una reglamentación de las funciones de los integrantes de este nuevo cuerpo; las funciones encomendadas comprendían, entre otras, dos muy concretas relacionadas con el ámbito cartográfico: la creación de mapas y su conservación.

De esta manera, en primer lugar se ordenaba a los oficiales integrantes de este cuerpo la formación y la elaboración de planos, descripciones topográficas y rutas para que pudieran ser examinados por los responsables de tomar las decisiones militares estratégicas. Por otro lado, se hacía al nuevo cuerpo de Estado Mayor responsable del archivo y conservación en condiciones adecuadas de toda esa documentación cartográfica generada, “teniendo presente clasificar por provincias todo […] para la mayor facilidad de encontrar esos papeles cuando sea preciso enviarlos a un Ejército o presentarlos al Gobierno.[3]

Apartado 4º de las funciones encomendadas al Cuerpo de Estado Mayor, en la Real Orden, de 9 de julio de 1810, comunicando la creación del Cuerpo de Estado Mayor. (Fuente: Biblioteca Nacional de España, R/60936).

Así mismo, con la finalidad de normalizar la producción cartográfica, se reglamentó también la forma en que los mapas y planos, en sus distintas tipologías, debían ser presentados. Todos los planos, croquis o memorias topográficas debían aparecer, según la normativa emanada de la Real Orden de 1810, firmados por su autor o copista, con expresión explícita de su empleo, cuerpo y fecha; y por último se reglamentaba además que el encabezado de todos esos documentos cartográficos debía contener el nombre de la provincia o del paraje que representaban.[4]

A partir de su fundación, dos años después de comenzadas las hostilidades en toda la Península Ibérica, este recién creado Cuerpo de Estado Mayor fue sustituyendo progresivamente a los ingenieros militares en sus responsabilidades geográficas y cartográficas, labor que habían venido desarrollando en las anteriores centurias, desde el Renacimiento. El trabajo del Estado Mayor, cuerpo integrado en su mayoría por oficiales formados en la Academia de Ingenieros –a semejanza de lo que ocurría en el resto de ejércitos contendientes–, produjo un incremento considerable de la producción de mapas y planos durante los años de la guerra, garantizando al alto mando del ejército una información geográfica suficiente y fiable. Así, el número de documentos cartográficos fechados en 1811 duplicó a los del año anterior.[5]

Pero a pesar de todo lo anterior, y debido a las circunstancias imperantes, la cartografía elaborada es en muchas ocasiones una cartografía de urgencia, apoyada numerosas veces en planos y mapas anteriores, a los que se sometía a una somera revisión antes de utilización. Este proceder era lógico ante las necesidades urgentes de información del alto mando, que impedían la elaboración pausada de una cartografía exacta, labor que tuvo que esperar al final de la Guerra para poder ser desarrollada en condiciones aceptables

A continuación se muestra un ejemplo de utilización de planos anteriores para la elaboración de cartografía en la Guerra de Independencia. Se trata de un plano elaborado originalmente en 1775 por el ingeniero Antonio Gaver, copiado sesenta años después, en 1812, por Ignacio Mitjana. El plano muestra la ciudad de Badajoz y el territorio que la circunda y es muy probable que la copia de Mitjana se realizara por la necesidad perentoria de cartografía para la preparación de la campaña de 1812.[6]

Parte de la provincia de Badajoz, por Antonio Gaver y copiado por Ignacio Mitjana, 1812 (Fuente: Centro Geográfico del Ejército, Extremadura 3b.)

En la actualidad, casi toda la producción cartográfica resultante del esfuerzo del ejército español durante la Guerra de la Independencia se conserva repartida en dos instituciones militares: el Archivo Cartográfico y de Estudios Geográficos del Centro Geográfico del Ejército y, principalmente, en el Instituto de Historia y Cultura Militar, ambos organismos radicados en Madrid.

Como último ejemplo de la cartografía militar española formada en el transcurso de la Guerra de la Independencia se presenta el plano levantado por Manuel Fondós en 1812, con la representación del territorio al oeste de Extremadura, en la zona de la Sierra de San Pedro y el río Tajo. Se puede apreciar cómo Fondós levanta un plano casi fotográfico del terreno, con todas las vías de comunicación entre las diferentes localidades, la topografía del territorio e incluso los puentes de barcas para cruzar el río Tajo junto a Garrovillas.[7]

Plano geográfico de los pueblos comprehendidos entre los de Alcántara, Garrobillas, Cáceres, Arroyo del Puerco, Aliseda, Alburquerque, Codosera, Valencia de Alcántara, Herrera y el Río Tajo, por Manuel Fondós, 1812 (Fuente: Centro Geográfico del Ejército, Extremadura 36).


  1. VV.AA.: Los mapas: ventanas al tiempo y al espacio…, p. 3.
  2. Íbidem, p. 5.
  3. Real Orden, de 9 de julio de 1810, comunicando la creación del Cuerpo de Estado Mayor, p. 11. Disponible versión en línea en la Biblioteca Digital Hispánica.
  4. VV.AA.: Cartografía de la Guerra de la Independencia…, p. 18.
  5. Íbidem, p. 20.
  6. Isabel TESTÓN NÚÑEZ, Rocío SÁNCHEZ RUBIO y Carlos SÁNCHEZ RUBIO.: Cartografía de un espacio en guerra…, pp. 92-93.
  7. Íbidem, pp. 150-151.